

Esta fase consiste en
generar las facetas de la
piedra. Se necesita mucha experiencia y destreza. Por regla general, un brillante es tallado por diferentes personas: un tallista en cruz
(que talla la tabla, las 4 facetas principales de la corona y de la culata), eventualmente por el tallista en 8/8 y luego por fin por el brillantista.
El diamante a facetar es engastado en unas tenazas que se llaman « dop » y se presenta sobre un disco de acero (o plato) que ha sido
untado con polvo de diamante (cerca de 1 quilate), que está fijado por un producto que, al secarse, hace que se adhiera perfectamente al disco que
gira generalmente a una velocidad comprendida entre 3.000 y 4.000
revoluciones por minuto. Se puede también utilizar a veces discos « mojados », que han sido untados con una mezcla de polvo de diamante
y de aceite. Existen en el comercio especializado muchas facetadoras, manuales o automáticas. El ordenador es cada vez más utilizado, dado que
permite ver en la pantalla las diferentes etapas de la transformación del diamante en bruto en un diamante tallado. El ordenador determinará cuáles
serán las dimensiones máximas que se pueden obtener a partir del diamante en bruto y puede también tener en cuenta las inclusiones de la piedra. Es
hoy día un instrumento precioso para el diamantista, y verdaderamente le ayuda en su elección con el fin de disminuir al máximo la pérdida de peso
que resulta de la talla.